Treinta años es el techo. O al menos lo es hoy. Fannie Mae y Freddie Mac –las empresas patrocinadas por el gobierno que sustentan la gran mayoría de los préstamos hipotecarios estadounidenses– actualmente restringen las hipotecas estándar a tasa fija a esa marca de tres décadas. Es un límite estricto.
¿Por qué es importante esto si se contemplan plazos más largos?
Si eliminas ese respaldo, las matemáticas cambian. Los prestamistas se quedan con préstamos a 50 años en sus propios libros. O tienen que venderlos en el mercado privado. Ninguna opción es barata.
¿El resultado? Tarifas más altas. Mayor disponibilidad.
Sin un índice de referencia del Tesoro que se extienda más allá de los 30 años para guiar los precios, los prestamistas enfrentan un enorme riesgo de duración. No pueden cubrir fácilmente un activo a 50 años. Exigirían una prima por quitarse ese riesgo de encima. Esa prima proviene de usted.
La disponibilidad de tales préstamos se reduciría. Los bancos prefieren duraciones cortas y negociables. Un préstamo a medio siglo no es líquido. Es un pasivo que permanece en el balance durante una generación.
Entonces el límite existe por una razón. No es sólo burocracia. Es gestión de riesgos.
Cuando vea anunciada una hipoteca a 50 años, pregunte quién está del otro lado. Si no es un GSE, espere que el costo refleje la incertidumbre. El sistema actual mantiene las tasas predecibles al obligar a la liquidez a una ventana de 30 años. Si rompe esa ventana, romperá el modelo de precios.