La economía de la atención: la visión de un periodista de la guerra, la tecnología y la lucha por los ojos

Chris Hayes, presentador de All In de MSNBC, ha pasado años analizando cómo la atención se ha convertido en el recurso más valioso de la vida moderna. Su reciente conversación revela una cruda realidad: en 2025, la guerra, la política e incluso el periodismo estarán cada vez más moldeados por las incesantes demandas de la economía de la atención. La pregunta no es si los eventos importan, sino cómo funcionan como contenido.

La actuación del imperialismo

La reciente escalada de Estados Unidos e Israel con Irán ejemplifica esta dinámica. Las acciones militares no son sólo decisiones estratégicas sino también espectáculos cuidadosamente seleccionados, diseñados para lograr la máxima visibilidad. La administración Trump, en particular, ha dominado el arte de “representar el imperialismo como contenido”, escenificando actos agresivos como ataques a buques civiles y luego transmitiéndolos como eventos dramáticos, casi cinematográficos.

Esto no es nuevo; Hayes señala precedentes históricos, como los sensacionalistas informes de la guerra hispanoamericana realizados por los periódicos de Hearst. La diferencia hoy es la escala y la velocidad. La ambición imperial ahora está envuelta en “videos verticales”, una implacable transmisión algorítmica que monetiza los conflictos en tiempo real.

La clave no es evitar la historia (Estados Unidos está en guerra con Irán) sino resistir la tentación de amplificar el espectáculo sin contexto. La “pornografía de guerra”, como la llama Hayes, refuerza las mismas dinámicas que impulsan la agresión en busca de atención.

El dilema del periodista

Hayes reconoce su propia complicidad como “comerciante de atención”. Presenta un programa de televisión, publica un podcast e incluso participa en el frenesí de los vídeos verticales. El desafío no es abstenerse del sistema sino navegarlo éticamente. Su enfoque: garantizar que la atención se gane a través de la sustancia, no de la manipulación.

Cita un ejemplo en el que las medidas agresivas de Trump en Minnesota (incluidos tiroteos mortales y secuestros) resultaron contraproducentes y volvieron la atención en su contra. Esto ilustra un punto crítico: el algoritmo no siempre recompensa el sensacionalismo. A veces, extralimitarse puede ser contraproducente.

El bien de la atención

El libro de Hayes, El canto de las sirenas, sostiene que la atención se ha mercantilizado como el trabajo durante la Revolución Industrial. El proceso comenzó con vallas publicitarias comerciales y prensas de centavo, donde se medían las audiencias y se vendían a los anunciantes. Hoy en día, los gigantes tecnológicos tienen acceso a miles de millones de usuarios y subastas de datos a nivel de microsegundos, lo que convierte a los ojos en un mercado hipereficiente.

La mercantilización de la atención es ahora ineludible. Incluso los periodistas deben participar, grabando vídeos verticales y compitiendo no sólo con otros medios de comunicación sino con cada contenido jamás creado. Optar por no participar significa perder alcance.

El futuro de la atención

La tensión central sigue siendo: cómo entregar noticias sin ser consumido por la economía de la atención. Hayes sugiere centrarse en la sustancia, negarse a permitir que los políticos dicten la narrativa y reconocer que la participación –incluso la participación crítica– es ahora inevitable. La cuestión no es si podemos escapar del sistema, sino si podemos darle forma para que sirva a algo más que un compromiso interminable.

La realidad es que la lucha por la atención es una condición permanente de la vida moderna, y hay más en juego que nunca. El desafío no es ignorar el juego, sino jugarlo con conciencia, integridad y una comprensión clara de las fuerzas en juego.

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