Según se informa, el expresidente Donald Trump consideró una operación militar de alto riesgo para apoderarse del uranio altamente enriquecido de Irán, una medida que los expertos ahora describen como “increíblemente complicada” y “en última instancia, inviable”. Si bien la Casa Blanca compartió pocos detalles, fuentes de inteligencia y especialistas militares pintan un cuadro de una pesadilla logística plagada de peligros para las tropas estadounidenses. El plan implicaba posibles despliegues terrestres, probablemente con el pretexto de hacer cumplir un acuerdo de paz inexistente.
El despliegue inminente: tropas y objetivos
Los planes del Pentágono incluían desplegar hasta 3.000 soldados de la 82.ª División Aerotransportada del Ejército, especializada en despliegue rápido, en Medio Oriente. La operación, si se autoriza, tendría como objetivo al menos diez sitios nucleares clave: los reactores de investigación de Isfahán, Arak y Darkhovin; Instalaciones de enriquecimiento de Natanz y Fordow; las minas de Saghand, Chine y Yazd; y la central eléctrica de Bushehr. La inteligencia sugiere que Irán reforzó muchos de estos lugares con búnkeres subterráneos y entradas reforzadas después de ataques aéreos anteriores.
El material nuclear: dónde está y qué significa
Se cree que la mayor parte del uranio altamente enriquecido al 60% de Irán está almacenado en Isfahán, cantidad suficiente para sustentar una reacción nuclear autosostenida. Otras instalaciones contienen distintos niveles de enriquecimiento; la central eléctrica de Bushehr contiene concentraciones más bajas. El material se almacena en grandes cubas de cemento, algunas potencialmente dañadas, por lo que se requiere equipo de excavación pesado para su recuperación.
Por qué esto es importante: Los niveles de enriquecimiento de Irán se están acercando cada vez más al material apto para armas. Tomarla requeriría una invasión terrestre, una medida que podría intensificar las tensiones regionales y desencadenar un conflicto generalizado.
Operación “Ablandamiento”: ataques aéreos y asaltos terrestres
La operación comenzaría con bombardeos aéreos para “suavizar” la resistencia alrededor de los sitios objetivo, probablemente realizados por las 82 Unidades Expedicionarias Aerotransportadas o Marinas. Las tropas terrestres avanzarían entonces al amparo de la oscuridad, anticipando una oposición armada. Los expertos predicen que las víctimas no serían “sorprendentes”. La fase más peligrosa implicaría la recuperación física de material nuclear, lo que requeriría fuerzas especializadas como Delta Force o SEAL Team 6.
La recuperación: trajes contra materiales peligrosos y manipulación de alto riesgo
Una vez asegurado, el material nuclear sería manejado por equipos de eliminación de artefactos explosivos y el 20º Comando CBRNE del Ejército, equipado con trajes protectores y detectores de radiación. Lo ideal sería dejar el material dañado o sin sellar en su lugar, ya que su manipulación plantea riesgos adicionales.
Por qué esto es complicado: La logística de asegurar, transportar y almacenar uranio altamente enriquecido en una zona de guerra es inmensa. Cualquier brecha en la contención podría resultar en una contaminación generalizada y una mayor escalada.
Transporte y almacenamiento: las consecuencias
Si se recupera, el material sería transportado a Estados Unidos para su dilución o almacenado en un lugar altamente clasificado, posiblemente en Nuevo México o Colorado, bajo una fuerte vigilancia del Regimiento de la Fuerza de Seguridad del Cuerpo de Marines. El Departamento de Energía y la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa probablemente supervisarían el almacenamiento.
El veredicto: una empresa arriesgada
Los expertos coinciden en que apoderarse del material nuclear de Irán mediante una invasión terrestre sería “muy peligroso” e “inviable”. La voluntad de Trump de autorizar una operación tan arriesgada sigue siendo motivo de preocupación, dado el potencial de una escalada catastrófica. El plan, de ejecutarse, probablemente provocaría un gran número de víctimas y podría desestabilizar aún más la región.
La situación pone de relieve el precario equilibrio entre la intervención militar y las soluciones diplomáticas en Oriente Medio. Los riesgos de una invasión terrestre superan los beneficios, lo que la convierte en una opción de último recurso con consecuencias devastadoras.
