Después de décadas de disminución, la población de ballenas francas del Atlántico norte está experimentando un inusual auge de nacimientos, con al menos 21 crías nacidas durante la actual temporada de partos, un aumento significativo con respecto a las 11 registradas el año pasado. Este raro aumento en los nacimientos ofrece un rayo de esperanza para una especie que se tambalea al borde de la extinción, pero los expertos enfatizan que la supervivencia a largo plazo aún está lejos de estar garantizada.
Una especie al límite
La población de ballenas francas del Atlántico norte se ha desplomado de miles en los siglos XVIII y XIX a sólo 384 individuos en la actualidad, como consecuencia de la caza comercial desenfrenada. A pesar de algunas protecciones, la especie continúa enfrentándose a graves amenazas: los choques con embarcaciones y los enredos en aparejos de pesca siguen siendo las principales causas de muerte. En 2017, murieron 18 ballenas en solo seis meses, lo que pone de relieve la fragilidad de la población.
El reciente aumento de los nacimientos, si bien es alentador, no cambia el riesgo fundamental que enfrentan las ballenas francas. Un solo grupo de colisiones o enredos podría revertir rápidamente el progreso, como lo ilustra trágicamente la muerte de una cría joven, atropellada por un barco frente a la costa de Georgia, a pesar del optimismo inicial y de los avistamientos públicos.
Historias individuales en una lucha colectiva
Investigadores como Julie Albert, del Blue World Research Institute, han rastreado ballenas individuales durante décadas. El caso de “Callosity Back”, una ballena identificada por marcas únicas en su piel en 2007, ejemplifica los esfuerzos de seguimiento a largo plazo. Su reciente regreso a Florida con una cría después de 19 años representa una pequeña victoria, pero no altera la crisis más amplia.
El costo emocional para quienes trabajan para proteger a estas ballenas es alto. El fotógrafo Joel Cohen relata la angustia de documentar la muerte de un ternero después de un choque con un barco, un trauma que continúa atormentándolo. A pesar de tales pérdidas, los conservacionistas enfatizan la resistencia de la especie y señalan que algunas hembras han vuelto a dar a luz después de la muerte de crías anteriores.
Esfuerzos de conservación y desafíos pendientes
Para mitigar las amenazas, Canadá ha implementado una gestión pesquera dinámica, cerrando temporalmente áreas a la pesca cuando hay ballenas presentes. Los avances en la tecnología de seguimiento, incluido el uso de planeadores oceánicos, también están ayudando a reducir los choques con embarcaciones. Sin embargo, estas medidas requieren una aplicación constante y una adopción generalizada para que sean efectivas.
Los investigadores continúan estudiando el comportamiento de las ballenas, incluido el uso de fotogrametría para evaluar el embarazo y el análisis de muestras fecales para determinar los niveles hormonales. Estos esfuerzos proporcionan datos críticos, pero en última instancia, el destino de la ballena franca del Atlántico norte depende de una intervención humana sostenida.
A pesar de los desafíos, los conservacionistas mantienen la esperanza. El reciente baby boom, combinado con mejoras regulatorias en curso y una mayor concienciación, sugiere que la recuperación es posible, pero sólo si la especie recibe protección continua. El futuro de la ballena franca del Atlántico norte está en juego y depende de una combinación de monitoreo científico, cumplimiento regulatorio y vigilancia pública.















