Estados Unidos ha prohibido la entrada a cinco funcionarios e investigadores europeos, aumentando las tensiones sobre las políticas de moderación de contenidos en las plataformas de redes sociales. La medida, anunciada el martes por el Secretario de Estado Marco Rubio, acusa a los individuos de suprimir activamente los puntos de vista estadounidenses en línea, acusaciones que los europeos cuestionan.
El núcleo del conflicto
Esta acción marca una escalada significativa en la reacción de la administración estadounidense contra los esfuerzos europeos para regular plataformas digitales como X (anteriormente Twitter), Facebook e Instagram. La Ley de Servicios Digitales (DSA) de la UE está en el centro de la disputa. La DSA exige que los grandes servicios en línea aborden el contenido ilegal y las prácticas nocivas, incluida la desinformación y el discurso de odio.
La UE multó recientemente a X con 140 millones de dólares por no cumplir con los requisitos de transparencia establecidos en la DSA, no por censura como afirma Elon Musk. Esta sanción subrayó el compromiso de la UE de hacer cumplir sus normas, lo que Estados Unidos considera una posible usurpación de la libertad de expresión.
¿A quién se dirige?
Entre los prohibidos se encuentra Thierry Breton, ex comisario de la UE y arquitecto clave de la DSA. Los funcionarios estadounidenses acusan a Breton de orquestar una ofensiva contra la expresión estadounidense a través de la nueva ley. Otros incluyen investigadores de organizaciones no gubernamentales europeas que luchan contra la desinformación y el discurso de odio. Según el secretario Rubio, estos individuos han “liderado esfuerzos organizados para obligar a las plataformas estadounidenses a censurar, desmonetizar y suprimir los puntos de vista estadounidenses”.
Estados Unidos sostiene que estas acciones socavan la libertad de expresión al utilizar la presión regulatoria como arma contra empresas y oradores estadounidenses.
Por qué esto es importante
Esta disputa pone de relieve una creciente división transatlántica sobre la gobernanza digital. El enfoque de la UE prioriza la seguridad de los usuarios y la responsabilidad de las plataformas, mientras que Estados Unidos enfatiza la libertad de expresión, incluso a expensas de regular el contenido dañino. Este choque no se trata simplemente de censura; se trata de diferentes filosofías sobre el papel de la tecnología en la sociedad.
La medida también plantea dudas sobre el futuro de la cooperación entre Estados Unidos y Europa en cuestiones digitales. Si no se resuelven, estas tensiones podrían dar lugar a mayores restricciones a los flujos de datos, las operaciones de plataformas y la aplicación de regulaciones a través del Atlántico.
En última instancia, la prohibición de viajar a Estados Unidos indica una voluntad de confrontar directamente a los reguladores europeos, incluso a costa de intensificar una disputa diplomática. Los efectos a largo plazo de esta confrontación siguen siendo inciertos, pero está claro que el debate sobre la soberanía digital y la libertad de expresión seguirá dando forma a la relación entre los dos continentes.















