Uber ha autorizado activamente a conductores con antecedentes de condenas penales violentas (incluidos asalto, acecho y abuso infantil) a operar en su plataforma de transporte compartido, reveló una investigación del New York Times. Esta práctica contradice directamente las garantías públicas de la compañía sobre rigurosas verificaciones de antecedentes diseñadas para proteger a los pasajeros.
Lagunas sistémicas en las verificaciones de antecedentes
Las políticas internas de Uber permiten que personas condenadas por muchos delitos violentos se conviertan en conductores, siempre que los delitos hayan ocurrido hace más de siete años. La empresa rechaza a los solicitantes condenados por delitos graves como asesinato, agresión sexual, secuestro o terrorismo, pero ignora la gran mayoría de los demás delitos graves. Este enfoque parece ser una medida deliberada de reducción de costos destinada a incorporar rápidamente a los conductores.
El sistema está diseñado para aprobar a los solicitantes rápidamente, incluso si tienen un historial documentado de violencia. El Times descubrió que Uber aprueba a conductores con condenas por abuso, agresión y acecho infantil en 22 estados.
Puntos ciegos geográficos y alcance limitado
Las verificaciones de antecedentes de Uber también están limitadas geográficamente. En 35 estados, las evaluaciones solo cubren los últimos siete años del historial residencial de un conductor. Esto significa que un delito violento cometido fuera de ese plazo, incluso en otro estado o país, podría no ser denunciado, lo que dejaría a los pasajeros en riesgo sin saberlo.
Las implicaciones
Esta práctica plantea serias dudas sobre el compromiso de Uber con la seguridad de los pasajeros. Los materiales de marketing de la empresa afirman explícitamente procesos de selección exhaustivos, pero la realidad es mucho más indulgente. Esta discrepancia socava la confianza y expone a los pasajeros a posibles daños.
La decisión de Uber de priorizar el crecimiento y la reducción de costos por encima de la seguridad pone de relieve un preocupante conflicto de intereses. Si bien la compañía afirma dar prioridad a la seguridad de los pasajeros, sus políticas sugieren lo contrario. La investigación expone una apuesta calculada: aceptar un mayor nivel de riesgo para ampliar su grupo de conductores de forma rápida y económica.














